Vive como si fueras a morir mañana, aprende como si fueras a vivir por siempre. (Mahatma Gandhi)

sábado, 19 de mayo de 2012

HASTA QUE EL LÍMITE NOS SEPARE




Nada es eterno, nada es para siempre, se suele decir. Todo tiene un principio y por consecuencia, un fin. Sin embargo, existe el concepto de eternidad, desde un punto de vista cristiano, como el tiempo de Dios, o mejor dicho, la carencia de tiempo en Dios. Como se cita en Isaías 8,9, “un Dios que dura por siempre y para siempre, sin principio ni fin”. Esto puede contradecirse con la ciencia o la razón, que sustentan que lo que empieza, acaba Y eso es así, cualquier ser vivo que nace, finalmente muere. Pero si miramos mas allá de lo perceptible y lo palpable, puede ser que sí encontremos esa eternidad, que es una base fundamental en la religión. Pensar que hay algo más allá de lo que podamos comprobar científicamente y que además sea eterno, puede contraponer a fe y razón, aunque pienso que esta no tiene límites. Se podrían hacer numerosas tesis sobre este filosófico tema, y aún así, seguiría habiendo discrepancias. Sin embargo, pensando racionalmente, voy a intentar relacionar fe y razón de manera que se complementen, no que se contrapongan, y además, explicar que este concepto de eternidad no está fuera de lo racional ni lo científico, que no solo es una noción cristiana.

Para ello, me basaré en ejemplos y datos. En primer lugar, supongamos que una larga relación de pareja, se rompe, por cualquier motivo, y de muchas personas se escuchará eso de: “Es que nada es eterno”. Pues esa relación, efectivamente, no ha sido para siempre, pero sí los buenos recuerdos, los momentos alegres, las fotos, las canciones que recuerden ese amor…, eso perdura en el tiempo, eso puede decirse que es eterno. En cuanto a la religión cristiana, que defiende la existencia de un Dios eterno, un ateo o un escéptico no podría creer o comprender eso, pero sí si se ve de la siguiente manera: Un Dios que es eterno, porque muchísimas personas creen en Él, y estas creencias se van traspasando de generación en generación, a lo largo de los siglos, haciéndose así, eterno. Por tanto, no hace falta ser cristiano para creer en la eternidad. Si me apoyo en un gran sabio y filósofo como Platón, mi postura adquirirá mayor relevancia.  Este argumentaba que el saber era eterno, el triángulo en nuestra imaginación es igual que en la de un niño griego en la antigüedad, y esa idea se mantiene porque es eterna, siempre ha existido. Cambiando un poco de registro, utilizaré un ejemplo cotidiano. Si competimos en una carrera, esta acabará, por supuesto, tiene su fin, pero las sensaciones que hayamos tenido, y lo que contemos de ellas, nadie lo podrá borrar, eso durará para siempre. Cuando un familiar o un amigo fallece, su vida ha acabado, sí, ha llegado a un final, pero ¿no nos ha dejado nada? Siempre quedan recuerdos, anécdotas, hazañas, sentimientos… que no desaparecen y se transmiten entre las personas, a lo largo del tiempo, hasta poder ser eterno. La vida de la persona no, pero sí todo lo que ella ha aportado. Ahora hablaré de un personaje cristiano, San Juan Bautista de la Salle, fundador de los colegios de La Salle, que nació en el seno de una familia rica y se hizo pobre con los pobres. Pues bien, sus actos y sus logros, hoy día se mantienen, hay miles de colegios de La Salle repartidos por todo el mundo y celebran su día recordándolo. Su vida tuvo un final, pero su legado se eterniza. Por último, podría mencionar la eternidad de los hechos históricos, por ejemplo, el descubrimiento de América fue un momento, que duró cierto tiempo y acabó, pero supuso tales cambios al mundo que adquirió gran importancia, y este hecho, gracias a los documentos y escrituras, se ha ido transmitiendo hasta llegar a ser eterno, porque siempre se recordará.





Sé que todo esto es un tema bastante complejo, pero con los ejemplos y explicaciones que he utilizado, pienso que puedo concluir que se puede utilizar el término eternidad en numerosos aspectos de la vida, que no solo Dios es eterno y que es incorrecto aquello de: “Nada es eterno”, por lo tanto, fe y razón, religión y ciencia, pueden complementarse y apoyarse más que subordinarse o contraponerse. Además, he aprendido una reflexión moral que quería transmitiros: es bonito que te recuerden, que seas eterno, y para ello, es más fácil obrar bien que actuar mal, porque lo malo se olvida antes que lo bueno. Así que, como aquella función matemática que tiende a infinito, haz lo mismo, tiende a infinito, ¡eternízate! 








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