Nada es eterno, nada es para siempre, se suele
decir. Todo tiene un principio y por consecuencia, un fin. Sin embargo, existe
el concepto de eternidad, desde un punto de vista cristiano, como el tiempo de
Dios, o mejor dicho, la carencia de tiempo en Dios. Como se cita en Isaías 8,9,
“un Dios que dura por siempre y para
siempre, sin principio ni fin”. Esto puede contradecirse con la ciencia o
la razón, que sustentan que lo que empieza, acaba Y eso es así, cualquier ser
vivo que nace, finalmente muere. Pero si miramos mas allá de lo perceptible y
lo palpable, puede ser que sí encontremos esa eternidad, que es una base
fundamental en la religión. Pensar que hay algo más allá de lo que podamos
comprobar científicamente y que además sea eterno, puede contraponer a fe y
razón, aunque pienso que esta no tiene límites. Se podrían hacer numerosas
tesis sobre este filosófico tema, y aún así, seguiría habiendo discrepancias.
Sin embargo, pensando racionalmente, voy a intentar relacionar fe y razón de
manera que se complementen, no que se contrapongan, y además, explicar que este
concepto de eternidad no está fuera de lo racional ni lo científico, que no
solo es una noción cristiana.
Para ello, me basaré en ejemplos y datos. En primer
lugar, supongamos que una larga relación de pareja, se rompe, por cualquier
motivo, y de muchas personas se escuchará eso de: “Es que nada es eterno”. Pues
esa relación, efectivamente, no ha sido para siempre, pero sí los buenos
recuerdos, los momentos alegres, las fotos, las canciones que recuerden ese
amor…, eso perdura en el tiempo, eso puede decirse que es eterno. En cuanto a
la religión cristiana, que defiende la existencia de un Dios eterno, un ateo o
un escéptico no podría creer o comprender eso, pero sí si se ve de la siguiente
manera: Un Dios que es eterno, porque muchísimas personas creen en Él, y estas
creencias se van traspasando de generación en generación, a lo largo de los
siglos, haciéndose así, eterno. Por tanto, no hace falta ser cristiano para
creer en la eternidad. Si me apoyo en un gran sabio y filósofo como Platón, mi
postura adquirirá mayor relevancia. Este
argumentaba que el saber era eterno, el triángulo en nuestra imaginación es
igual que en la de un niño griego en la antigüedad, y esa idea se mantiene
porque es eterna, siempre ha existido. Cambiando un poco de registro, utilizaré
un ejemplo cotidiano. Si competimos en una carrera, esta acabará, por supuesto,
tiene su fin, pero las sensaciones que hayamos tenido, y lo que contemos de
ellas, nadie lo podrá borrar, eso durará para siempre. Cuando un familiar o un
amigo fallece, su vida ha acabado, sí, ha llegado a un final, pero ¿no nos ha
dejado nada? Siempre quedan recuerdos, anécdotas, hazañas, sentimientos… que no
desaparecen y se transmiten entre las personas, a lo largo del tiempo, hasta
poder ser eterno. La vida de la persona no, pero sí todo lo que ella ha
aportado. Ahora hablaré de un personaje cristiano, San Juan Bautista de la
Salle, fundador de los colegios de La Salle, que nació en el seno de una
familia rica y se hizo pobre con los pobres. Pues bien, sus actos y sus logros,
hoy día se mantienen, hay miles de colegios de La Salle repartidos por todo el
mundo y celebran su día recordándolo. Su vida tuvo un final, pero su legado se
eterniza. Por último, podría mencionar la eternidad de los hechos históricos,
por ejemplo, el descubrimiento de América fue un momento, que duró cierto
tiempo y acabó, pero supuso tales cambios al mundo que adquirió gran
importancia, y este hecho, gracias a los documentos y escrituras, se ha ido
transmitiendo hasta llegar a ser eterno, porque siempre se recordará.
Sé que todo esto es un tema bastante complejo, pero
con los ejemplos y explicaciones que he utilizado, pienso que puedo concluir
que se puede utilizar el término eternidad en numerosos aspectos de la vida,
que no solo Dios es eterno y que es incorrecto aquello de: “Nada es eterno”,
por lo tanto, fe y razón, religión y ciencia, pueden complementarse y apoyarse más
que subordinarse o contraponerse. Además, he aprendido una reflexión moral que
quería transmitiros: es bonito que te recuerden, que seas eterno, y para ello,
es más fácil obrar bien que actuar mal, porque lo malo se olvida antes que lo
bueno. Así que, como aquella función matemática que tiende a infinito, haz lo
mismo, tiende a infinito, ¡eternízate!


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